Bienvenidos a la intemperie

17 07 2009

Juan José Doñán (texto leído en Radio Metrópoli, de Guadalajara)

En una cosa parecen estar de acuerdo los bandos panistas que, hasta ayer por la noche, seguían de la greña: a pesar de su mutua animadversión, todos ellos (neopanistas y militantes old fashion) consideran indispensable hacer un autoanálisis para encontrar las causas por las que el electorado, particularmente el de los zonas más pobladas de la entidad, los sancionó de forma tan severa en las urnas.
Pero lo malo con la anunciada autocrítica es que, en tanto no se traduzca en un hecho real, tan plausible propósito no pasará de ser un puro ejercicio retórico, declarativo, de dientes para afuera, buscada —y hasta rebuscadamente— exculpatorio.
La verdad es que los panistas de la comarca no necesitan devanarse los sesos para dar con las causas por las que se han granjeado la desconfianza —y aun la animadversión— del electorado jalisciense, hasta el extremo de que éste decidiera retirarles el mando en los municipios más cotizados de Jalisco, comenzando por los de la zona metropolitana de Guadalajara, aun cuando las pérdidas en el ámbito rural tampoco sean menores.
No es nada difícil averiguar por qué el PAN perdió en municipios que desde años ha venido gobernando. Fue vencido en Cañadas de Obregón, por ejemplo, porque muchos habitantes de esa demarcación alteña están muy inconformes, por no decir irritados, con el gobierno federal, el estatal y el municipal (todos de extracción panista), ya que esas autoridades han insistido en perjudicarlos con un proyecto reiteradamente repudiado por pobladores de la zona: la presa de El Zapotillo, con cuya construcción quedarían inundadas varias localidades alteñas, comenzando por Temacapulín, población que funcionarios panistas pretenden reubicar en otro sitio, contra la voluntad manifiesta de los vecinos. Y otro tanto se podría decir del municipio de Mexticacán, una parte del cual quedaría también bajo las aguas de la proyectada presa de El Zapotillo, la cual ha sido concebida, fundamentalmente, para abastecer de agua potable a la zona más poblada del Bajío: León, Guanajuato.
Los panistas perdieron también Tepatitlán, que desde 1992 han venido gobernando, porque, entre otras cosas, los productores ganaderos de la zona, particularmente los lecheros, están muy a disgusto con los gobiernos de Acción Nacional por el hecho de que éstos han desatendido sus reiteradas demandas y peticiones, tanto contra la apertura indiscriminada de mercados para la leche en polvo proveniente del extranjero como por las condiciones adversas y desventajosas en que ellos tienen que comercializar su producto. Esta circunstancia los ha llevado, en varias ocasiones, a protestar derramando miles y miles de litros de leche en la vía pública de Guadalajara y otros sitios.
Y si el municipio de Guadalajara, que el PAN ha venido gobernando de manera ininterrumpida desde 1995, las huestes blanquiazules lo perdieron con un margen de más de 15 por ciento —casi cuadruplicando la diferencia negativa que tuvieron contra el PRI en Zapopan y Tlaquepaque— se debe a un motivo que es por es por demás obvio: los votantes tapatíos no están nada contentos con la gestión del alcalde Alfonso Petersen. Y es que si la pasada elección se ve como un referéndum, entonces el primer edil tapatío y colaboradores aparecen como los funcionarios metropolitanos peor calificados en mucho tiempo.
¿Por qué? ¿Acaso por las molestias ocasionadas por la dilatada y errática remodelación de calles y banquetas del centro? ¿Por haber donado el parque Mirador Independencia a empresarios que han venido promoviendo, fallidamente hasta ahora, la apertura de una sede del Museo Guggenheim, pero no con su dinero, sino pretendiendo que el proyecto sea realice con el de los contribuyentes?
¿O es que en la estrepitosa derrota panista de Guadalajara tuvo algo que ver el degradado proyecto de la Villa Panamericana? ¿Y qué decir de la autorización municipal para el desarrollo inmobiliario en la zona de Chapultepec y la chocantona remodelación de esa avenida?
¿Y el hecho de haber cedido, en definitiva, ¡por 66 años!, la explanada del estadio Jalisco a los codiciosos dirigentes de la Universidad de Guadalajara para que éstos construyan ahí un complejo comercial que, entre otros daños, habrá de quitarle vista a ese entrañable inmueble deportivo?
¿Y la ocurrencia de regalarle a un consorcio español un terreno municipal, de decenas de miles de metros cuadrados, por el rumbo del Zoológico Guadalajara, dizque para detonar esa zona de la ciudad?
¿O habría que atribuir la contundente derrota del PAN en el municipio tapatío a todo lo anterior, incluyendo también el artificioso optimismo, las buenas dotes demagógicas y la natural logolalia (inclinación por el bla bla bla) del doctor Petersen?
Las derrotas del panismo en otros municipios altamente poblados, donde las huestes blanquiazules habían logrado hacer huesos viejos (Tlajomulco, Lagos de Moreno, Ciudad Guzmán, etcétera), así como en la mayoría de distritos electorales, tanto del ámbito local como del federal, se deben a que los ciudadanos de esos lugares se cansaron de gobiernos mediocres y, en algunos casos, hasta corruptos.
Un ejemplo particularmente deplorable es el de Tonalá. Ahí algunos panistas exhibieron la peor cara política al demostrar que son capaces de todo, incluso de recurrir al asesinato, para defender intereses malsanos. Con ello, esos panistas tonaltecas se ubicaron, regresivamente, en el México bronco anterior a 1929, año en que sea crea el partido precursor del PRI, con el propósito de cancelar precisamente la efusión de sangre como medio para alcanzar o mantener el poder.
En conclusión, y según la percepción de la ciudadanía de Jalisco, en menos de década y media el PAN pasó de ser una organización política digna de confianza, en la que se tenían grandes esperanzas, a ser vista como un partido de logreros, de funcionarios poco competentes, arrogantes, insensibles y hasta corruptibles.
Por eso en un solo día (“¡5 de julio no se olvida!” podría ser, en lo sucesivo, el lema doloroso del panismo jalisciense) las huestes blanquiazules perdieron cerca de 80 por ciento de la población municipal que hasta ahora han venido gobernando. Y si no enderezan el rumbo, sometiéndose a un proceso de verdadera autocrítica, con la revisión tanto de su conducta como de proyectos socialmente repudiados (el Macrobús y la presa de Arcediano, por ejemplo), de aquí a tres años podrían estar entregando también Casa Jalisco, con lo que vendría a hacerse añicos el sueño azul de muchos y muchas, a quienes más de algún espíritu guasón podría saludar con una frase como la de “¡Bienvenidos a la intemperie!”

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