Comunistas

3 06 2009

Museum_of_Communism_-_Stali
No fui un militante típico del Partido Comunista. Aborrecía esas fiestas donde se cantaba a Pablo y a Silvio con una devoción mística y me parecía insufrible el éxtasis que provocaba la solemne canción que alguien en mala hora le ofrendó a la “querida presencia” del comandante Che Guevara. Nunca disfruté un solo verso de Mario Benedetti —pero sí los de Efraín Huerta— y las versiones musicales de Nacha Guevara y similares me parecían abominables. Me resistía a ir a las puertas de las fábricas a lanzar arengas risibles a los obreros y apenas logré vender un par de ejemplares del Oposición —semanario en el que publiqué ingenuas proclamas sobre el coraje y la disciplina del hombre nuevo. Sin embargo, en 1976 recorrí decenas de casillas para observar las elecciones en las que contendía Valentín Campa por un partido sin registro contra José López Portillo. Dos años más tarde el PC alcanzó la legalidad y en 1982 volví a ser representante en las elecciones en las que participó el comunista Arnoldo Martínez Verdugo.
En el PC conocí a gente de ética miserable pero también a teóricos de afilado pensamiento crítico, a quienes escuchaba e interrogaba cuando mi joven mente detectaba contradicciones inexplicables: ¿Por qué la invasión soviética a Hungría, a Checoeslovaquia, a Afganistán? Dos viajes a Cuba, en 1981 y en 1984, empezaron a abrirme los ojos: la isla socialista e igualitaria que presumía la propaganda cubana repartida a ritmo de rumba en los festivales del comunismo mexicano no existía, y en su lugar se agazapaba un siniestro Estado militar y policiaco. Todos los artistas y escritores cubanos que conocí entonces ahora viven en el exilio.
A la lectura de Rius, Harnecker y Galeano siguieron otras de veras inquietantes, como los libros de Arthur Koestler y Guillermo Cabrera Infante, La alternativa, de Rudolph Bahro, y las obras de los disidentes del Este europeo. Revaloré a Solyenitzin y releí a Revueltas, y gracias a la revista El Machete, dirigida por Roger Bartra, descubrí a Jorge Semprún y a Fernando Claudín, autor del monumental estudio La crisis del movimiento comunista. Habrían de transcurrir muchos años más para que llegaran a mi librero autores decisivos como Varlam Shalámov (Los relatos de Kolymá) y Martin Amis (Koba el temible). Ya no podía concebir que alguien sincero con ideales de izquierda pudiera seguir creyendo en la utopía roja después de leer El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión, obra de un grupo de investigadores franceses coordinados por Stéphane Courtois, director de investigaciones del Centre National de la Recherche Scientifique.
A principios de los ochenta los comunistas mexicanos —retratados acerbamente por Rubén Salazar Mallén en Camaradas (1959)— se dividían en dinosaurios y renovadores: los dinos y los renos. A estos últimos pertenecía Roger Bartra, quien con El Machete (1980-1981) logró atraer a una joven izquierda crítica en ciernes harta del autoritarimo y el “centralismo democrático” que regía al leninista PC. Heberto Castillo, ya en el fusionado PSUM, y otros dinos exigieron la clausura de aquella extraordinaria y lúdica revista.
La izquierda sufrió transformaciones y atravesó los años en medio de crisis y con una escasa presencia en las cámaras y en la vida pública. Hoy me parece absurdo que la llamada izquierda mexicana sea encabezada por un caudillo y políticos de indeleble genética priista que escamotean la discusión y las ideas. Es el regreso de los dinosaurios.

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10 08 2009
anonimo

A muchos no les gusta en la manera como los comunistas le quieren dar solución, a sus problemas, ellos quieren quedar de la noche a la mañana igual que los capitalistas, sin haber trabajado sin haber estudiado, y sin haberse esforzado igual que los capitalistas,
Hay muchas personas que no saben como los comunistas se atreven a apoyar a personas que se dicen comunistas, en su afán de ser iguales que otros, el afán de los comunistas tiene que ser un afán de ser igual que otro comunista. Pero no igual que un capitalista,
Hay algunos lideres en America que según ellos apoyan el comunismo, el comunismo no existe en America es ilegal, aún así todavía hay lideres que según ellos ayudan a personas a robar a gente capitalista, para ser iguales, les roban para el carro para la comida para el vestir, y quieren que les mantengan la gasolina, todo esto bajo amenazas,
Esto no es comunismo, en el comunismo trabajan estudian y aparte se elaboran sus mismas prendas, quien les enseño el comunismo en America?.
Existe una contrariedad muy grande que los que se dicen comunistas deben de saber y de estudiar, esa contrariedad es la democracia, en la democracia los ciudadanos deben de ser iguales, por que deben de ser iguales, y sigue la contrariedad, para los comunistas, en la democracia, los ciudadanos deben de esforzarse propiamente, deben de estudiar deben de ganar un titulo, deben de enseñar saco y corbata, en los lugares públicos, deben de ganar su propio dinero, eso es la democracia, en el país de México,
La democracia es la que gobierna, nada el comunismo, los ciudadanos mexicanos no tienen el derecho de hablar de comunismo ni siquiera muy poco, ni siquiera hay partidos comunistas que los apoyen, porque? Les gusta el comunismo, no lo conocen sin, lugar a dudas,

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