Hablemos del innombrable.

16 02 2009

A guisa de análisis pero en realidad solo un tostón en el estanque, arrojado pidiendo un deseo de darme claridad ante el diluvio de notas informativas que dan cuenta de caídas de producción, solvencia, liquidez, confianza consumo, crédito.  Curándome en salud de las excomunicaciones sentenciadas al que se atreva a contradecir al oráculo de los pinos.
¿Da la presidencia poderes mágicos para suspender el diálogo?

¿Tenemos que supeditar nuestra capacidad de procesar datos, de observar la realidad a un mandato de unidad en el espejismo del progreso impuesto por mandato tricolor?

¿A que divinidad se inclina nuestro presidente para ordenar que suspendamos nuestra incredulidad frente a su decreto de prosperidad?

¿Como se atreve a poner en entredicho mi patriotismo o el de cualquiera que opte por criticar sus gestos y bulas?

¿En que momento creyó él que tenía derecho de tornar su presidencia en reinado absoluto; imponer por dura interdicción el silencio a mi o a  cualquiera otro que quiera alzar la voz dando alerta?

Calderón preside un desastre y se envuelve en el lábaro patrio para magicamente hacerse invulnerable a la crítica, Escutia morelense arrojandose al vacío, confiado en los mágicos poderes de la levitación mediática para no estampar su alucine de progreso en la grave realidad de una lógica de servilidad al vacío de proyecto imperial republicano U.S.A.

…Barack no es George.

Calderón vuela a U.S.A. para entrevistarse con Obama y proclamar que los viejos reflejos Bushistas de guerra contra el terrorismo deben de continuar bajo la presente administración. Obama hace mutis. Calderón no puede reordenar su casa a los nuevos tiempos, es desde ya un nostálgico de George porque no puede ajustar su agenda interna a las nuevas realidades. Queda parado a mitad de escenario como reflejo de Nicolas Chauvin echando hurras y vivas a un Napoleón que ya ha sido olvidado proclamando en Waterloo una gran victoria.

Calderón se engaña y creyendo en su propio hechizo “¡Expélibus!” ,  da cuenta en su cabeza de la oposición; exorciza la crítica solo en su mente; abandona el diálogo nacional para embarcarse en su espejismo de nación.

Doble soledad del poder ilusorio: creer que lo ejerce y no tener quien lo contradiga, porque los ha desaparecido de su resúmen informativo,  porque ya sabe él que se equivocan, porque cree que hablando genera realidades. Maestrazo de la política vudú.

Carlos Alvaro Ramírez Powell

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One response

16 02 2009
FerGil

No veo un link para suscribirme vía RSS al blog… cómo ven?

Saludos!

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